Toca el desenlace de la estación rigurosa,
el vaivén de esa hamaca vacía
las extremidades sin fundamentos
sobre el pedal como algo inherente
buscando el sol que se escondió.
La pasada de esa cadena
en el aro de la bicicleta que rodaba
sobre esos telares verdes, casi amarillos
amargaban la visión, él, se recrea con tristeza.
En el oriente la hora del sol limpia
los últimos oscuros huecos del crepúsculo,
los temblores del frío le acercaban
la maligna influencia de la gripe.
El muchacho machito desaparecía
detrás del termómetro delator de fiebre
mientras la mamá constreñida por el estado de su crío
traspone la puerta en busca de hojas de eucaliptos.
Pero él sigue pensando, que en invierno
también debería haber flores y sonrisas en la plaza
para poder divertirse, como en verano.
JURYS

hanivar

Qué crudo es el invierno en algunos lugares. En esa estación nos quedan las flores del alma